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AÑO III
  Revista sobre cultura , música , arte y denuncia social
 
 
CULTURA / INVESTIGACIÓN
 
Los Bancos del Tiempo. Invierte en tiempo social.
 
Luis Miguel Ródenas 24.12.09

A la mayoría de las personas, a no ser que seas Botín, o Rato, la palabra banco nos suele producir cierto sarpullido. Inmediatamente la relacionamos con otras como hipoteca, tipos de interés, facturas, prestamos. y hay esta, irremisiblemente otra vez, ese dolor de cabeza y de cuentas sin cuadrar.

Para remediar tanto despropósito, os propongo una perspectiva nueva a la hora de pensar en bancos. Imagina un banco en el que lo que se intercambia no es dinero y en el que se obtiene mucho más que un juego de platos o vasos de vez en cuando. Deja de imaginar, por que ese tipo de bancos ya existen. Los bancos del tiempo.

Pero ¿Qué es un banco del tiempo? ¿Para que sirve? ¿Cómo funciona?

¿Cómo surge esta idea?.. Son algunas de las preguntas a las que se intentará dar respuesta.

Un banco del tiempo es una de las muchas formas de economía social o alternativa que surgen como respuesta a los problemas que genera la economía de mercado. Promueven la creación de redes sociales basadas en la solidaridad mutua. Sin necesidad de que intervengan, en forma alguna, moneda o capital económico.

Se trata, por tanto, de un sistema de intercambio de servicios en el que la unidad de intercambio, generalmente, es la hora.

Todo tipo de servicios son válidos e intercambiables. Desde recoger a los niños del colegio, hasta recibir clases de economía, pasando por pequeñas reformas en casa o cuidado y compañía a personas mayores. Es esta una de las mayores aportaciones de los bancos del tiempo, ya que no solo pone en contacto a personas con personas a través del intercambio de servicios, sino que también permite el enriquecimiento personal al provocar una mirada interna a toda la riqueza que atesoramos y que apenas valoramos como útil, ni mucho menos valiosa para los demás.

Se renuncia frontalmente a la premisa de "no se hacer nada" para hacer visibles saberes y conocimientos no valorados socialmente, como todos los relativos a labores domésticas (ámbito laboral no remunerado e invisibilizado) o los categorizados en el mundo laboral como "poco cualificados". Consiguiendo de este modo reforzar el autoconcepto positivo y la autoestima.

El funcionamiento del banco del tiempo es sencillo, cada persona adscrita dispone de un talonario de tiempo que utiliza en el momento que solicita tiempo de otra persona para algún servicio concreto que necesite e informará mensualmente a la secretaría del banco, órgano creado para la gestión, del tiempo utilizado y recibido. La secretaria del banco del tiempo anota estos intercambios y actualiza el saldo de la cuenta corriente de tiempo de sus socios/as. Cada cierto tiempo la secretaría envía a cada participante el estado de su cuenta corriente de tiempo, junto al boletín de los servicios que puede intercambiar y que va en aumento en función de los nuevos socios/as. Asimismo, la secretaría avisará a las personas que se encuentren en una situación de desequilibrio de tiempo, tanto si es porque no han dado mucho tiempo como porque han recibido poco.

Por último, no se trata de un intercambio bilateral, sino de intercambios multilaterales en el que una persona no tiene porque recibir para dar, aunque se pretende un equilibrio, a una persona concreta, con lo que se consigue una mayor dimensión y fortalecimiento de las redes sociales que se generan a través de los intercambios.

La autoría de esta genial iniciativa no esta del todo clara, lo único cierto con seguridad es que la idea nació en Estados Unidos. A partir de ahí, las fuentes apuntan con mayor contundencia al anarquista estadounidense Josiah Warren como el padre de la idea y a su experimento de la tienda de trabajo de Cincinnati, en la cual cada producto se valoraba bajo la máxima de "coste como limite del precio" y se intercambiaban servicios-tiempo por servicios-tiempo, como el embrión de los bancos del tiempo. Dicho proyecto inspiró a muchos anarquistas, sobre todo franceses y estadounidenses.

Otras fuentes apuntan a que los bancos del Tiempo tienen su verdadero impulso en los 'Time Dollar' desarrollados en los años 80 en EEUU por iniciativa del abogado por los derechos civiles Edgar Kahn, en los cuales una hora de servicio valía un dólar. Este sistema derivó en los Time Bank (Bancos del Tiempo) del Reino Unido.

Fue en Italia, en 1992, donde el sindicato de pensionistas de Parma puso en práctica el proyecto de intercambiar tiempo para resolver problemas de la vida cotidiana. Tres años después se extendió a otras provincias italianas, donde en la actualidad hay alrededor de 300 bancos del tiempo.

En el caso de España, existen alrededor de unos sesenta bancos del tiempo en activo. La mayor parte de ellos situados en Cataluña. Pero también los encontramos repartidos por Valencia, Bilbao, Alicante, Pamplona, Sevilla o Cádiz. Se calcula que alrededor de unas doce mil personas en España forman parte, como asociados, de esta maravillosa experiencia.

En un principio el banco del tiempo fue pensado como una práctica con el objetivo de devolver a la actividad a aquellas personas o colectivos que se encuentran apartados de la vida activa y, por ende, de una comunidad caracterizada por el trabajo remunerado. Este es el caso de las mujeres, los jubilados, los inmigrantes o los jóvenes. Pero la experiencia se ha revelado como una forma muy positiva de economía social que no puede limitarse solo a estos colectivos, ya que su capacidad de conectar redes sociales e individuos en condiciones de igualdad y reciprocidad lo transforma en una potente herramienta para luchar contra el individualismo hedonista del que tanto adolecen las sociedades actuales y en la que los sujetos suelen ser clasificados como consumidores, usuarios o prescindibles.

En cuanto a quién puede crear un banco del tiempo, cualquier organización, persona o colectivo que lo desee puede hacerlo. Solo tiene que buscar y descargarse las herramientas necesarias de internet y en poco tiempo puede tener su banco del tiempo en marcha sin ningún coste adicional.

Generalmente, están dirigidos por colectivos o administraciones públicas locales pero las cifras, apuntan a que muchos de los bancos del tiempo de titularidad municipal están teniendo una participación escasa.

Entre los motivos de esta exigua participación pueden darse el hecho de que nacen, por parte de los ayuntamientos, de una forma vertical e impuesta. Sin que la sociedad los demande y los sienta como suyos. Además, el proceso de consolidación de un banco del tiempo es lento, requiere de la deseducación absoluta de una sociedad atomizada bajo la cultura del capital e individualista para llegar a una nueva forma de economía social en la que priman valores como la confianza en el otro. La autoconfianza en nuestras propias capacidades y la solidaridad comunitaria. Y esto no es trabajo que se pueda hacer en dos días o en cuatro años, menos aun con los pocos recursos que las administraciones suelen destinar a cualquier iniciativa de corte social.

Los bancos del tiempo son excelentes ejercicios de participación activa, han demostrado que es posible una nueva economía lejos del yugo del capital monetario, donde ser valorado por aquello que puedes aportar y no por lo que tienes.

Tú tiempo es tuyo, pero por qué no hacer que sea nuestro, vuestro o de ellos. Piénsalo. Invierte en tiempo.

 
 
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