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LEVANTAR LA VOZ MÁS DE LO ACOSTUMBRADO
AÑO III
  Revista sobre cultura , música , arte y denuncia social
 
 
CULTURA / ANÉCDOTA HISTÓRICA
 
¿DE DONDE VIENEN LOS REFRANES?
 
Irene Reguera Burgos 30.12.09

Cuando pensamos en refranes nos vienen a la cabeza una serie de frases curiosas que a base de oírlas a todas horas y de diferentes personas, hemos tomado como propias. Los usamos porque son graciosos, profundos, o en la mayoría de los casos porque explican en una frase algo que no sería tan fácil describir con nuestras propias palabras. Pero lo que casi nunca nos planteamos es su origen, y es que visto lo rápido que funciona la técnica del “boca a boca”, intentar si quiera imaginar quién fue la persona que tuvo la ocurrencia da dolor de cabeza.

Por eso, por lo general se suele desconocer el origen del refrán, del mismo modo que su autor acostumbra a ser anónimo. Sin embargo, la autoría corresponde, por lo menos su nacimiento, a un individuo concreto que es quien lo emite por primera vez como resultado de sus vivencias cotidianas y de su reflexión, y después de haber contrastado sus experiencias con otras personas. Es decir, el refrán es la sabiduría de muchos y la agudeza de uno solo. Cuando las expresiones tienen éxito, son aceptadas por la colectividad, que será la encargada de concederles el rango de refrán y de difundirlas.

Y, ¿qué es lo que provoca que un refrán tenga éxito? Pues en primer lugar debe utilizar un lenguaje típico, simple, conocido por todos. También influirá si consta o no de rima, ya que de esta manera es más fácil de memorizar. Y por supuesto deben “decir verdades como puños”, ya que si no, no tendrían sentido. Si además son graciosos mejor que mejor. Pese a lo útiles que son, su utilización se está perdiendo poco a poco, sobre todo por parte de la gente joven, a la que en la mayoría de los casos no se nos saca del “ojos que no ven, corazón que no siente”, “aquí te pillo aquí te mato”, “Dios los cría y ellos se juntan” o “hay ojos que de legañas se enamoran”. Pero si preguntamos a nuestros padres, el abanico se amplía y no digo nada si vamos a hablar con nuestros abuelos. Seguro que usan uno en casa frase.

Antes de escribir este artículo estuve buscando refranes menos típicos porque al tener menos de 25 años y encima ser de ciudad reúno las características perfectas para no saberme más de cinco refranes y medio y efectivamente, como mucho me sonaban un par de cada quince que he ido leyendo. Y he de decir que el que los considere como anticuados, está muy equivocado porque a diferencia del vocabulario, que si que puede estar un poco anticuado, ¡hay cosas que nunca cambian!

Así que os voy a poner unos cuantos y ya vosotros si queréis os los aprendéis:  

A la Iglesia no voy que estoy cojo, pero a la taberna voy poquito a poco.

El que con lobos anda, a aullar aprende.

Quien al cielo escupe en la cara le cae.

Nunca digas de esa agua no beberé ni ese cura no es mi padre.

Viejo que se casa con moza, o pronto cuernos o pronto loza, o las dos cosas.

El que madrugó una bolsa encontró, pero más madrugó el que la perdió.

No hay mal que dure 100 años ni quién viva para verlo.

Cría fama y échate a dormir.

No busques el mal de tu vecino que el tuyo viene de camino

Quien mucho se despide pocas ganas tiene de irse.

Se acostaron dos y amanecieron tres.

Quien quiera peces que se moje el culo.

Después del ojo fuera, no hay Santa Lucía que valga.

 
 
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